S02E08: Beto.
A bid farewell.
(Si sentís que te falta contexto, acá tenés más data).
“Insuficiencia respiratoria aguda no tóxica no traumática.”
Creía que el dolor no tenía secretos para mí. Que sabía todo acerca de él. Que no había pérdida en este mundo que dejara un vacío tan grande como el que dejaste al irte.
Craso error. Esto no se compara con nada.
No tengo claro en absoluto por dónde comenzar, así que voy a comenzar —y terminar— agradeciéndote por todo lo que hiciste por mí y por lo que significó para mí haber sido tu hijo. Porque fuiste mucho, muchísimo más que un padre para mí. Fuiste mi héroe y, a la vez, el maestro más importante que me dio la vida. Me enseñaste, desde muy chiquito, a “comer para vivir, no vivir para comer”. Me enseñaste a cuidar el planeta y que si tengo aunque sea un papelito para tirar en la calle y no hay un tacho de basura cerca, hasta que no vea uno, me lo meta en el ano si hace falta. Me enseñaste a estar para el otrx, a escucharlx, a intentar resolver las cosas mediante el diálogo hasta lo último. Me enseñaste a sacar risas de donde no hay, aun en los peores momentos. Me enseñaste a comunicar lo que me pasa, a diferencia de tantos otros padres que crían a sus hijos para ser “hombres de verdad” que después no saben cómo lidiar con lo que los aqueja sin recurrir a la violencia. Me enseñaste a querer y respetar a la patria, algo que quizá tardé algunos años en entender, y agradezco al destino haber tenido el honor de marchar junto a vos en varias oportunidades durante el último tramo de tu paso por este mundo. Me enseñaste que la libertad que te da la bicicleta no te la da ningún otro vehículo en el mundo. Me contagiaste tu amor por la música desde que apenas había aprendido a reptar por el living de “Viamonte”, acaso la única pasión que jamás abandoné ni me abandonó. Me enseñaste a no subestimar el poder de una buena línea de bajo en una canción.
Me enseñaste que David Gilmour es el mejor guitarrista que alguna vez pisó este planeta y nos lo giga lloran los gordos Fripp. Curiosamente, mientras escribo estas líneas, está sonando la edición especial por los 50 años de “Wish You Were Here”, que salió una semana después de tu partida. ¿Te acordás la primera vez que me hiciste escuchar “Have A Cigar” lo que me cagué en las patas con el final pensando que se había cagado el vinilo, o —lo que hubiera sido mucho peor— el tocadiscos? Me hubiera encantado sentarme con vos a escucharla, aunque sea a través del parlante de mi celular. Supongo que me quedará en el tintero junto con el viaje a la Ourense natal de lxs bisabuelxs que pensaba hacer con vos para tus 70 años. Quién sabe, quizá en la próxima reencarnación.
Creo que, de todas las formas en las que imaginé que te irías de este mundo, el hecho de que te fueras tan joven, de una manera tan dolorosa y sufriendo lo que sufriste, rankeaba muy abajo entre ellas. Pero te tocó atravesar un infierno durante dieciséis meses, y hubiera sido cruel y egoísta de nuestra parte pedirte que continuaras por ese camino solo para no tener que sucumbir ante lo inevitable.
Si supieras lo distinto que se ve el mundo después de tu partida, te asombrarías al saber que ya nada de lo que antes pasaba días o semanas sobreanalizando me importa en lo más mínimo. Que lo más importante para mí ahora es ocuparme de ser mejor y cuidar de los míos. Que ahora tengo claro qué es lo que debo hacer y el camino que debo tomar. Y que, aunque me cueste lo indecible, voy sin prisa pero sin pausa sin que nada me desvíe de él.
Ya no sufrís ni sufrimos por verte sufrir. Ya no tengo que correr a ver si no se me va el 109 para ir a visitarte a ese hospital que espero no tener que pisar nunca más en mi vida —sobre todo después de que lo último que me tocó pisar ahí adentro fue nada más ni nada menos que la morgue—. Ya no estoy —parafraseándote— con el orto en la mano esperando que caiga un mensaje o una llamada fatídica anunciando el final, porque bastó contemplar la cara de mi madre ni bien abrí la puerta de mi casa aquella tarde para verlo en sus ojos. Ya no… bueno, no, bullshit. Me gustaría decirte que ya no duermo como el ano por pensar en el martirio que te tocó atravesar, pero sería una vil mentira. Porque por supuesto que aún hay días en los que no puedo parar de pensar, entre otras cosas, lo injusto que fue el destino para con vos. Porque vos, of all people, no merecías nada de lo que te pasó. Canceriano, familiero, padrazo cinco estrellas, altruista, peruca hasta la médula y, por sobre todas las cosas, tipazo McTipazo, al igual que tu padre y el tío Néstor —otra alma que nos abandonó demasiado pronto—. Las Moiras lo sabían y creo que, por tal razón, el hilo de tu existencia no estaba destinado a ser muy extenso.
Eras muy cálido. Demasiado humano para este mundo tan inhumano.
Gracias por todo, viejo. Te voy a extrañar toda la vida.


Qué hermoso, sin palabras <3
no hay muchas palabras de consuelo para decirte en momentos asi, más que mandarte un abrazo por acá. gracias por compartirnos un poco de tu papá