S02E07: Irresistible
“Con vos es 3 de noviembre cada media hora”.
En algún lugar de CABA, jueves 3 de noviembre de 2022.
We presume our love is what must be, that without it our life would no longer be the same.
Una amiga me dijo una vez que los besos robados eran los mejores. Yo no estoy tan de acuerdo con esa aseveración por una serie de razones —el consentimiento, para empezar—. Sin embargo, admito tener una preferencia por las fotos robadas, porque reflejan la verdadera naturalidad de la circunstancia en la que el obturador hizo su trabajo, sin poses ni esperar a acomodarse el pelo o la ropa ni nada que se le parezca. Esta es la primera foto que te saqué, y, por supuesto, no solo es robada, sino que es la única que jamás compartí públicamente. Algo de esta imagen —que casi no recordaba cuando hice el backup de imágenes de nuestro chat antes de que la tecnología hiciera el trabajo sucio por mí— me remite a ese primer encuentro prácticamente improvisado. Tu cara de desconcierto surfeando entre las múltiples opciones del menú se me hizo tan expresiva que no pude evitar retratarla —la imagen ha sido recortada a efectos de, entre otras cosas, preservar la identidad de la persona en cuestión—, dando así inicio a lo que sería una “larga” tradición.
Mi madre solía confundir tu nombre con uno que es casi igual pero más largo, y por mucho tiempo evité corregirla porque el solo escuchar tu nombre me provocaba un dolor indecible, hasta que el paso del tiempo hizo su efecto y ahora no solamente soy capaz de escucharlo, sino hasta de pronunciarlo yo mismo. Hoy, a más de un año y algunos meses de la caída, creo que finalmente soy capaz de empezar a recordarte con una sonrisa sincera, como lo manifesté en algún texto anterior. Porque superar no es necesariamente olvidar, y yo pude superar lo sucedido —si bien hay cicatrices que todavía son visibles—, mas no olvido ni quiero olvidar que alguna vez te amé del modo más puro, genuino y desinteresado que nació de mí. Porque no hubo otra persona que fuera capaz de mover algo tan profundo en mí como para sentarme a escribir un “micropoema” de la nada la misma noche después de haberla conocido.
Y no hay otra persona que me haga pensar automáticamente en esta maravilla cuando me acuerdo de ella.
Y ciertamente no hubo otra persona capaz de sacarme de la criogenia emocional a la que me había sometido antes de conocerte, intentando —sin el menor éxito— autoconvencerme de mi incapacidad para volver a sentir algo.
Desconozco completamente si serás la última persona que habré amado en mi vida, pero sí puedo asegurar que sos la última que amé con semejante nivel de entrega —al menos hasta ahora—. Pobre de quien conciba que únicamente su vínculo sexoafectivo es capaz de herirlx. Como si tan solo hubiera una forma de amar. Porque por supuesto que se puede amar a alguien que no hayas besado nunca, y por supuesto que unx amigx puede dejarte el corazón hecho añicos y el alma hecha jirones. Y como el destino ha probado incesantemente que es inútil intentar olvidar —ni hablemos de odiar— a quien cambió tu vida de tantas formas que ni lo imagina, últimamente me vi pensando en vos y preguntándome —quizá en vano— varias cosas. ¿Estarás bien? ¿Habrás encontrado aquel amor tan intenso que anhelabas vivir? ¿Habrás encontrado algún trabajo medianamente satisfactorio? ¿Habrás festejado la conquista de la última Copa América como celebramos aquel 18/12/22? Y si fue así, ¿tendrás otro amigo con quien respetar las cábalas a rajatabla? ¿Estarás a las puteadas por este cruel invierno que estamos pasando? ¿O habrás aceptado que, sin importar cuánto patalees, tus ansiados 28° no se manifiestan porque sí? Yo, dejando de lado estas últimas semanas, estoy relativamente bien —aunque me sentiré mucho mejor en cuanto haya terminado de escribir estas líneas—, con proyectos en camino y con varias otras cosas en mente que espero poder concretar a mediano plazo.
Mentiría si no admitiera que en algún que otro momento de debilidad pensé en desbloquearte. ¿Para qué? No tengo idea, porque ni ingiriendo toda la cantidad de bebidas blancas que ostenta mi alacena pensaría en volver a hablarte. ¿Ver tu última foto de perfil? Conservo los suficientes retratos nuestros de cuando éramos felices; están guardados en una carpeta lo bastante bien identificada como para evitar hurgar en ella. No. Yo creo que hay que sincerarse con uno mismo y admitir que si alguna vez pensé en desbloquearte fue porque muy en el fondo creí que algún día te dignarías a hablarme para intentar recomponer aunque sea en parte lo que redujiste a cenizas cuando obraste del modo cobarde y vil en el que lo hiciste. Pero ello jamás sucedió, y unx ya está acostumbradx a abandonar la esperanza después de pasado un cierto tiempo. Y como quien no quiere la cosa, un buen día dejé de extrañarte y de ahogarme en el río de mis remordimientos. Y como quien no quiere la cosa, un buen día renací y empecé a ser más amable conmigo mismo y a prestar atención a lo que duele y no dejar que me destruya otra vez.
De todas formas, ¿te pusiste a pensar que tus retinas seguramente nunca se crucen con nada de lo que hay en esta publicación? En ocasiones me resulta irrisorio y desolador en partes iguales pensar que ningunx de lxs dos va a poder saber cómo está lx otrx nunca más. O que la misma persona que inspiró las cosas más bellas que haya escrito en años haya sido también la musa inspiradora de las verdades más crudas y venenosas que alguna vez escupí desde mi fiel teclado. O que te haya dado tanto poder sobre mí como para manipular mis emociones a tu antojo —y a veces sin siquiera saberlo— y darle vida tanto a las risas más estridentes como a los llantos más profundos y desgarradores que haya emitido en lo que va de esta década.
Así y todo, dije que estaba listo para empezar a recordarte con una sonrisa sincera, y quiero ratificar dicha premisa. Nada de lo que sucedió en los días que transcurrieron desde aquel insoportablemente húmedo viernes de febrero donde nos vimos por última vez va a conseguir opacar los momentos lindos que sí compartimos, y muchísimo menos erradicar de mi ser todas las invaluables lecciones que ni cien sesiones de terapia me hubiesen enseñado, gracias a las cuales no solamente estoy más cerca de saber quién soy, sino disponer del suficiente amor propio como para discernir entre lo aceptable y lo inaceptable de cualquier vínculo que tenga de aquí en más.




Sentí tu dolor. que angustiante es transitar el camino de dejar ir! te abrazo en ese proceso amix🫂🥺